El cigarro humea en una esquina, a
oscuras, en el rincón donde hace ya tiempo me abandonaste, roto,
descompuesto y sin pilas, soy solo un maniquí que puede follar pero
ya no puede amar, un vibrador con patas pero sin cerebro y la culpa
no es solamente tuya, también es mía porque deje que me
convirtieses en tu juguete y no me importaba porque te quería, no
había nada más satisfactorio que dormirme enredado en tu cuerpo, me
dormía con el ronroneo de tu respiración y volvía a estar en el
saco amniótico, sin preocupaciones, en paz, para luego despertar y
desayunar tus flujos que solo vertías para mí, abrirte de piernas
era como ver amanecer, soleado, reconfortante, cálido y lleno de
vitalidad, pero te cansaste de mi y te marchaste.... La culpa, es mía
y tuya, mía por convertirme en arcilla en tus manos, tuya por ser
una y mil mujeres, una sonrisa manchada de café, una pelirroja
tirada en el césped, las rodillas de una castaña subiendo al
autobús, una rubia distraída liando un porro, erás todas y cada
una de ellas, erás la muerte al final del día, esa luna pálida que
ilumina levemente el rincón donde me dejaste, entre libros viejos y
botellas vacías, con el corazón desgastado y la mente en blanco,
sin saber explicar que me ha sucedido porque también te llevaste mis
palabras, mi inspiración, mi juventud y mis ilusiones, las
consumiste en una sola calada y me lanzaste al cenicero que es la
vida....¿ha pasado un día desde que te fuiste o son ya diez años?
No lo se, y no me importa, ahora solo deambulo con la esperanza de
reencontrar los pedazos de mi alma que os repartisteis entre todas,
ayer recuperé un beso, quizás mañana encuentre un orgasmo
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